Este es un mini cuento que escribí hace bastante, y de verdad, no sabia la historia del muelle de San Blas, así que no es un plagio a la realidad (?
Antes
de que te vayas.
Él le dijo,
que iba a volver, que lo espere. Y ella le prometió que lo haría.
Ella espero,
paciente, día tras día, una noticia suya, un “Hoy espérame para cenar linda”.
Aunque sabía que no pasaría nada hasta dentro de unos cuantos meses, que ese
tipo de viajes eran largos y que podían retrasarse, que llevar gente de su
tierra a otras cruzando el vasto océano era un viaje largo e insalubre.
El podría
enviarle cartas igual ¿no? Pasaban los días, ya debería haberle enviado algo,
pero no, no llegaba, no había nada en su buzón de él. La espera se volvió mucho más larga de lo
normal, pero ella no perdía esperanza, el iba a volver. Le prometió volver a
verla, le había besado para que no tenga miedo. Los días siguieron igual, uno
tras otro sin saber nada de él.
Ya no sabía qué hacer, pegada a la puerta,
esperando algo, cualquier cosa. Cuatro meses ya sin noticias. Soñaba el momento
en el que él la llamara y le dijera que lo espere en la estación, el momento en
que la abrace, y no la suelte.
Nada de eso sucedió, como siempre, como cada
día, ir a revisar el buzón con la esperanza de encontrar una carta, una
noticia, algo. Pasaban los días,
infinitos, delirando sobre reencuentros, con una sonrisa estúpida recordando
momentos que quería volver a vivir. Planificando, esperando, jamás le quitarían
la esperanza aún casi medio año más tarde.
Hasta que un
día, llegó.
La carta
decía que, en una tormenta, una ola había barrido la cubierta y habían caído
tres marineros en alta mar, entre ellos el suyo. El estado era “perdido”. Pero
no muerto, pensó. Iba a volver, había una mínima esperanza.
Y de esa
mínima esperanza, se aferro eternamente. Mintiéndose, con un “no debo
preocuparme, lo van a encontrar y va a volver, me va a volver a abrazar”.
Soñando, esperando. Había días en que se
levantaba llena de vida, sintiendo que ese era el día, en el que el volvería,
en el que la volvería a buscar.
A veces,
sentía que él estaba ahí, sentía su fragancia, su presencia. Se ponía bonita
sin razón, como si él pudiera verla. Ponía dos copas en la mesa, aunque solo
estaba ella. Brindaba con la soledad, con su mentira auto construida, con sus
sueños rotos.
Años
esperando por nada. Segundos largos, sin él. Ella a pesar de todo, seguía
esperando.
Su vida se
había convertido en una eterna espera de lo que nunca iba a suceder. Un sueño
de un futuro imposible.
Y todos le
decían, que tal vez el no volvería jamás, intentando ser lo más suaves posibles.
Pero ella, decía que el regresaría por ella, que nunca sería capaz de dejarla.
Pero la muerte no es pretexto.
Sus falsas
esperanzas, su triste soledad, su espera, el hilo no se rompía. Esa obsesión rozando
la locura. Dejada por sí misma, sin poder aceptar la realidad. Como un alma en
pena, sin poder pensar en algo más que en él.
Y fiel a su
promesa, lo esperó hasta su último suspiro en vida.
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